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Dos leyendas de Le Mans y ex pilotos de fábrica recuerdan las vicisitudes de la carrera de resistencia más dura del mundo

Webber y Bell recuerdan la carrera más desafiante del calendario internacional, reflexionando tanto sobre las pronunciadas diferencias como sobre las sorprendentes similitudes de sus épocas.

Derek Bell ha ganado cinco veces en Le Mans, cuatro de ellas al volante de un Porsche. Este año, el británico de 78 años habría dado la salida como Gran Marshall, pero en cambio se encuentra en su casa de Florida, deseando volver al lugar de sus antiguos triunfos.

Le Mans, Pressekonferenz Porsche Motorsport, Derek Bell, Mark Webber (l-r)

El embajador de la marca y maestro en la categoría LMP1, Mark Webber, fue una figura fundamental en el programa 919 Hybrid que culminó con tres victorias consecutivas para Porsche en Le Mans. Tras una exitosa carrera en Fórmula 1, Webber aportó su excepcional experiencia y compromiso a la andadura de Porsche en prototipos, perdiendo por poco la victoria absoluta en Le Mans en dos ocasiones.

Aquí, los dos amigos recuerdan la carrera más desafiante del calendario internacional, reflexionando tanto sobre las pronunciadas diferencias como sobre las sorprendentes similitudes de sus épocas.

Derek Bell: “Fui por primera vez a Le Mans con Porsche en 1971. El fin de semana que estábamos de pruebas, calcularon que iba a 396 km/h por Mulsanne. Sabía que íbamos rápido, pero no tanto: solo me había visto así antes del despegue en Heathrow. Esa fue mi bienvenida a Porsche en Le Mans”.

Mark Webber: “El palmarés de la marca es abrumador cuando corres allí. Tener al Dr. Wolfgang Porsche en el garaje era extraordinario para mí. Sientes la historia de marca y lo mucho que las carreras significaban para ella. Le Mans siempre fue el Santo Grial y, si tienes la oportunidad de conducir allí para Porsche, con su glorioso pasado, te sientes parte de algo. Es gracioso, sin embargo: Le Mans es en realidad la peor carrera para Porsche teniendo en cuenta cómo piensan. En 24 horas pueden pasar muchas cosas y eso no les gusta. Lo que quieren es realizar su trabajo. Pero, como son tan organizados y meticulosos con su preparación de los coches, siguen confiando en sí mismos”.

Bell: “Tienen todo el derecho a hacerlo. Conduje intermitentemente para Porsche durante 35 años y en todo ese tiempo creo que solo se me ha roto una cosa. Fue una parte de la suspensión que falló en Spa y me hizo chocar. Ocurrió seis semanas antes de Le Mans y no tenía ni idea de lo que había sucedido. Lo pasé muy mal emocionalmente, nunca me había estrellado antes. Tenía 45 años en ese momento y me preguntaba si ya estaba acabado. Cuando llegamos a Le Mans, un mes después, Norbert Singer me dijo que habían descubierto que era un pequeño componente de la suspensión. ¡Si lo hubiera sabido durante todo ese tiempo!”.

Webber: “Porsche se enorgullece de la fiabilidad y de la seguridad para el piloto. Como piloto, quieres confianza en la máquina, saber que está trabajando con los mejores materiales. Yo ya tuve eso en la F1, por supuesto, así que ir a Porsche fue una bendición”.

Bell: “Sí, nunca has oído decir a Porsche: ‘Oh no, eso es demasiado caro’. Siempre estaban mirando hacia el futuro. En Ferrari, los mecánicos lloraban si ganabas y lloraban si perdías. Con Porsche, si ganabas, daban un pequeño gruñido y si no ganabas, daban un pequeño gruñido y volvían a la mesa de dibujo. Se trataba de asegurarse de que el coche funcionara y fuera seguro. Ese era su trabajo”.

Webber: “Recuerdo que en 2016 llevábamos una gran ventaja, unos 60 segundos, y Timo Bernhard me despertó para decirme que la bomba de agua había fallado. Ese coche era tan, tan bueno, que nuestro jefe de equipo, Andreas Seidl, se quedó pálido. Nunca lo habían visto fallar, ni una sola vez en los miles de kilómetros de pruebas que habían hecho. Así que tienes esos momentos difíciles en Le Mans, y te emocionas al ver lo que sufren los mecánicos y los otros pilotos”.

Bell: “Fue parecido para Jacky (Ickx) y para mí. En aquellos días solo conducíamos dos y en general hacíamos 12 horas cada uno, a veces cuatro horas seguidas por la noche. Un año, salí del coche después de haber ganado y literalmente me derrumbé. Las últimas palabras que escuché fueron ‘¡Este hombre necesita ayuda!’ mientras me desmayaba”.

Webber: “Debes haber sido increíblemente fuerte para conducir esos coches durante tanto tiempo. No tenías asistencia ni en la dirección ni en los frenos. Y los cinturones y la posición de los asientos eran normalitos. Tenías mucho que soportar”.

Bell: “Bueno, también has conducido el 917, así que ya sabes. Era tan ligero que podías llevarlo durante días sin cansarte. Solo tenías que preocuparte del subviraje y el sobreviraje. Después, con el 956, tuvimos un increíble apoyo aerodinámico. Vosotros nunca parecíais tan destrozados al salir del coche. Tal vez sean cosas como la dirección asistida, nunca corrí con una, pero vosotros también estáis mucho más en forma”.

Webber: “Estábamos bastante frescos, tienes razón. Tal vez mentalmente cansados. Me costó ir tan encajado en el 919, ya que soy bastante alto y mi pierna izquierda solía dormirse porque también frenaba con el pie derecho. Pero era un coche asombroso. Tengo muy buenos recuerdos de esa época”.

Bell: “Creo que mi mejor recuerdo de Le Mans es haber ganado con el 936 en 1981. El nuevo Director General, Peter Schutz, quería que Porsche volviera a la cima en Le Mans pero no tenían un coche. La historia dice que el motor desarrollado para Indy Car estaba tirado por ahí, así que lo pusieron en el 936, que ya tenía cuatro años. Ni siquiera me senté en ese coche hasta que salimos para el primer entrenamiento, pero conseguimos la pole position, lideramos cada vuelta y ganamos la carrera. Eso para mí fue lo más memorable porque fue una especie de regreso y estoy muy agradecido a Porsche por darme aquella oportunidad”.

Webber: “Pues es extraño lo que más me viene a la mente a mí, porque no fue corriendo. Era el año 2017, yo era el Gran Marshall y el coche que ganó lo condujeron Timo, Brendon Hartley y Earl Bamber, que acababa de reemplazarme. ¡Mi viejo asiento todavía estaba en ese coche! Ganaron esa carrera y mi trabajo fue darles el trofeo. Pero no fue un momento difícil para mí. Esos fueron los mejores abrazos que he tenido. Se me pone la piel de gallina incluso ahora. Eran mis compañeros y querían que me quedara en el podio como un cuarto piloto. Ese fue definitivamente mi punto culminante en Le Mans. Nuestro vínculo fue extraordinario”.

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