¡Hola Bertrand! Nos reencontramos con esta preciosa Arrows A1 que pudiste pilotar en el Gran Premio Histórico de Mónaco, ¿qué se siente al conducir un coche que recorrió las calles de la Principauté hace casi 50 años?
Es mágico. Cuando asistí al Gran Premio de Canadá en 1978, con la victoria en casa de Gilles Villeneuve, fue ahí cuando se encendió la chispa del automovilismo en mí. Me dije que me encantaría vivir ese tipo de sensaciones. Cuando uno queda marcado por un suceso a esa edad, inevitablemente se pregunta qué se siente al estar al volante de uno de esos bólidos. Poder tocar con las manos ese sueño, es mágico, es la cúspide. Riccardo Patrese pilotaba ese coche en aquella época, y terminó cuarto en Canadá ese mismo año.
Y ese mismo Riccardo Patrese vino a visitarte durante tus primeros giros al volante de la Arrows.