El 13 de mayo de 1940, Igor Sikorsky logró el primer vuelo libre del VS-300, un prototipo que iba a imponer la arquitectura que se convertiría en la norma mundial de los helicópteros.
Aquel día, en un terreno de Stratford, en Connecticut, Igor Sikorsky despegó por primera vez en un vuelo libre el Sikorsky VS-300. La aeronave aún parecía una estructura tubular minimalista coronada por un rotor gigante. Sin embargo, este prototipo iba a transformar profundamente la industria aeronáutica mundial.
Porque el VS-300 no era solo un helicóptero experimental más. Introdujo una fórmula técnica que se convertiría en el estándar absoluto del sector: un rotor principal único que genera sustentación y un rotor de cola vertical destinado a contrarrestar el giro del motor. Una arquitectura que todavía se utiliza hoy en día en la inmensa mayoría de helicópteros civiles y militares.
La era de los pioneros
Antes del VS-300, varios pioneros ya habían intentado dominar el vuelo vertical. Los franceses Paul Cornu y Breguet, o los alemanes de Focke-Wulf, habían desarrollado conceptos a veces prometedores pero complejos, a menudo difíciles de controlar o de industrializar.
La genialidad de Sikorsky consistió en simplificar el concepto y hacerlo viable a gran escala. El VS-300 serviría rápidamente como base para el Sikorsky R-4, el primer helicóptero producido en serie en el mundo y el primero utilizado operativamente por las fuerzas armadas estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial.
Más allá del logro técnico, el vuelo del 13 de mayo de 1940 marca, por tanto, un giro industrial de gran magnitud. Rescate, evacuaciones médicas, transporte en alta mar, misiones militares o salvamento en montaña: toda la economía moderna del helicóptero surge directamente de las decisiones técnicas validadas ese día por Sikorsky.
Ochenta y seis años después, el principio del rotor principal asociado a un rotor de cola antitorque sigue siendo la referencia imprescindible del vuelo vertical motorizado.
Foto de ilustración: www.sikorskyarchives.com